El último día antes de volver a mi ciudad natal (Pamplona), he podido disfrutar de uno de mis acontecimientos preferidos aquí, en Madrid:
la feria del libro. No podía faltar, así que ahí me he plantado yo con algunos amigos y tantos otros conocidos a los que hacía siglos que no veía y que, curiosamente, siempre veo en este tipo de eventos. Sea como sea y sin irme por las ramas sobre lo bonito que es que la literatura nos una a todos (que lo pienso, pero no viene al caso ahora), me remito a lo que importa.
La feria está preciosa, como todos los años. Me encanta el ambiente que desprende, la gente cargada de bolsas llenas de libros, los que reparten marcapáginas -a fin de cuentas, ya conocéis mi debilidad con ellos- e incluso esos monstruitos azules que se empeñan en perseguir a los niños para darles abrazos. Nunca entenderé su función, a todo esto; algún año creo que invitaré a ese bicho azul a un café para que me cuente un poco de qué va el rollo del disfraz. Sería curioso.
En cualquier caso, me ha encantado y me lo he pasado como una enana. He visto a
Alfredo Gómez Cerdá (un gran tipo, con tanta cola de fans como siempre. Muy merecida, por cierto), he cruzado con él algunas palabras y he salido de allí contenta como unas pascuas. Estaba en la caseta de la librería
Kirikú y la bruja, que os recomiendo especialmente, porque por lo que he podido ver son muy animados y tienen encuentros de mucha calidad.
También he visto a
Rosa Montero, así, de lejos, que me daba vergüenza acercarme. Y, por último, he visto a
Jordi Sierra i Fabra.
Y aquí ya sí que hago una pausa.
Una pausa, en primer lugar, para aplaudir como siempre su entusiasmo y su gran humor con los jóvenes; y, en segundo lugar, para sorprenderme con su club de fans.

Sí, son esos que veis en la foto. La
generación Jordilauriana, se hacen llamar, en honor a su nombre y al de
Laura Gallego, por la influencia que esas dos figuras han tenido sobre estos jóvenes que, además de ser grandes y críticos lectores, se dedican también a hacer sus primeros pinitos en el mundo de la escritura. Y es que además de haber publicado tantas y tantas novelas para jóvenes, desde hace cuatro años entrega anualmente el
premio Jordi Sierra i Fabra, para jóvenes menores de 18 años, publicando las novelas ganadoras en SM. Se nota la ilusión que transmite en ellos. Sólo hace falta leer la pancarta que esta mañana presentaban: "
Generación Jordilauriana, liVres para soñar". Emociona verles, hablar con ellos, ver cómo conciben la escritura como un sueño un poquito más alcanzable.
Y, en fin, en esta entrada se me ha juntado un poco de lo que parece publicidad, emotividad y enlaces a diestro y siniestro. Sin embargo, creo que la ocasión lo merece. Y desde aquí os invito a que todos los que podáis visitéis la feria.
A mí me encanta. En ese sentido, puedo llegar a ser realmente friki.
Un saludo a todos y gracias por vuestra participación en la encuesta. He seguido los datos, y todo eso. En la próxima entrada hablaré de ellos, que el plazo acaba mañana.