domingo, 21 de noviembre de 2010

Juan Luis Arsuaga: "Salvar el mundo está en nuestras manos"

“Este es el año mundial de la biodiversidad y yo digo que la biosfera tiene poco que celebrar. Si seguimos así, en 2050 necesitaremos tres planetas para abastecernos. Tenemos que aprovechar esta fecha para reflexionar sobre lo que le estamos haciendo a la Tierra”.

Arsuaga elige el escenario de su entrevista: La sierra de Peñalara, su sitio, su casa. Paseando por sus senderos rodeados de vida y árboles,respira su aire puro, equipado con sus botas de monte, un polar y una cantimplora. Se desenvuelve como un pez en el agua, con la vitalidad de quien ha vivido siempre entre la naturaleza, con la firmeza de una persona comprometida que ha visto mucho y ha trabajado aún más por algo que él considera fundamental: proteger el planeta Tierra.

Camina a paso rápido y detiene su conversación cada poco para enseñar los más recónditos rincones de la Sierra, que conoce de memoria. Sorprende la elección del lugar y él lo sabe; es consciente de que lo esperable habría sido escoger un lugar de denuncia medioambiental, pero “a veces es mejor estar en un sitio tan bello como este para dar buen ejemplo”, explica. A veces, solo contemplar un paisaje como ése basta. Pretende que la naturaleza sea quien hable, quien cuente su historia.

Para los que no sepamos escucharla, o para todos aquellos que a veces hacemos oídos sordos a la importancia del cuidado del medio ambiente, Juan Luis Arsuaga lleva unos doce años escribiendo libros de divulgación científica. Es paleontólogo y la afición le persigue desde muy pequeño, cuando visitaba las excavaciones de Bilbao y leía La Guerre du feu, de J.-H. Rosny Aîné. Hoy, desde 1991 y tras muchos años de trabajo en su campo, dirige el equipo de investigación de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca. Equipo que, bajo su dirección, fue galardonado en 1997 con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. El título no fue en vano; sin ir más lejos ha llegado a descubrir el cráneo humano más completo del registro fósil de la Humanidad, un cráneo de Homo heidelbergensis.

Su paso por la universidad, en el departamento de Antropología de la University College of London, le ha hecho comprender que “la clave para salvar al medio ambiente radica básicamente en la educación”. Es por eso por lo que sus libros son tan divulgativos, amenos y sencillos de comprender; según argumenta, “solo así pueden llegar a todas las edades”. Un exponente clarísimo es su último libro, Elemental, queridos humanos: vida y andanzas del ingenioso planeta Tierra, que acaba de presentar a través de la editorial Temas de Hoy y que cuenta con ilustraciones de Forges, “que aportan un gran sentido del humor y su particular visión del mundo”, explica. Un libro simpático, llamativo, que utiliza el humor como arma para hablar de un tema que no tiene ninguna gracia.

Impreso en papel reciclado, este volumen combina la historia de la Tierra con la del ser humano hasta la actualidad. Arsuaga incide en la importancia de fusionarlas, pese a que no se suela hacer en los libros de historia, pues solo así seremos capaces de comprender un descubrimiento científico que salió a la luz en el S.XX y al cual ignoramos demasiado: que la biosfera influye y cambia el resto de capas de la Tierra. Hablando en plata, que la acción del ser humano es tremendamente influyente en el estado del planeta, y el actual comportamiento que seguimos puede llevar a modificarlo químicamente y hacerlo inhabitable. Es lo que se conoce como la teoría de Gaia, que ya anunciaba hace años el científico James Lovelock.

“Los descubrimientos vinieron poco a poco” explica el paleontólogo, “primero se fueron descubriendo cada una de las capas: hidrosfera, atmósfera, biosfera… lo último en descubrirse fue la interrelación que existe entre ellas, y no le estamos dando la importancia que merece.” Sin embargo quizás sea la que más nos afecte, como responsables directos de la composición química del planeta entero. El libro, para ilustrar esta idea, comienza desde la aparición de la vida hasta la llegada del hombre contemporáneo, con las consiguientes etapas que configuran la relación biosfera-planeta Tierra, modificadas de manera notoria con la llegada del ser humano.

El mensaje está claro: “Estamos acelerando muchísimo un proceso que daña terriblemente a la naturaleza, y ha llegado el momento de pararlo”. Su semblante se vuelve serio, “es hora de que los humanos comprendamos que no podemos vivir solos, que tenemos que llevarnos bien con el resto de las especies. Se trata de coexistir.”
Esta situación no es nueva. En realidad, según explica, no es más que el proceso que arrastramos desde hace muchos años pero que ahora, con cada vez más personas en el mundo, se está agravando peligrosamente. "No somos más malos que nuestros padres, ni siquiera estamos hablando de maldad” apunta, “nuestra generación recoge una conducta que viene de muy lejos. Eso sí, formamos parte de la generación que ha sabido darse cuenta de lo que estamos haciendo. Y, por eso, tenemos la responsabilidad de ponerle fin.”

Habla con determinación. Preocupado, pero con esperanza. Confía en la prudencia de la gente y cree que sabremos proteger lo que más importa. No ya por nosotros, dice, sino por el futuro de nuestros hijos, de esas generaciones posteriores, para que puedan disfrutar de un mundo más bello y más “humano”. “El bienestar no está reñido con el cuidado del medio ambiente. Muy al contrario, han de ir de la mano. Solo podremos asegurar un futuro decente a nuestros hijos si gestionamos la riqueza de la Tierra”.

La solución no está tan lejos como a veces queremos pensar. “No va a venir nadie desde lo alto a salvarnos”, bromea. Hemos de ser “cada uno de nosotros, desde nuestras casas, los que aportemos nuestro granito de arena, nos comprometamos con el cuidado del planeta y comprendamos la importancia de los actos más pequeños. Salvar el planeta está en nuestras manos”. Reciclar, separar la basura, cuidar los mares y los ríos, evitar el uso injustificado de papel, cerrar el grifo al lavarse los dientes… Pequeñas cosas que todos conocemos, actos tremendamente útiles, según apunta Juan Luis Arsuaga, para garantizar nuestro futuro.

La educación y la concienciación son las claves. No hay que darse por vencidos, ni pensar que la Tierra está perdida. La solución está en nuestra mano, y el pesimismo corta las alas. Arsuaga lo sabe, y predica con el buen ejemplo, con la esperanza, recorriendo la Sierra de Peñalara y enseñando sus paisajes, demostrando lo que todavía tenemos y que merece la pena conservar. “No todo está perdido, pero es el momento de cambiar”.

Tocando sus árboles, señalando con el dedo antiguos glaciares ahora convertidos en bosque, escuchando el sonido del río a lo lejos y con una sonrisa de oreja a oreja. Comprometido, firme y optimista. Juan Luis Arsuaga, paleontólogo, amante de su trabajo y de la naturaleza, nos deja a todos un libro imprescindible y, con él, una enorme responsabilidad: cuidar nuestra casa, nuestra tierra. La Tierra. 

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