martes, 20 de diciembre de 2011

Un fragmento de algo.

Le advirtió de que el amor no era más que odio en su versión más primitiva.
Posesión exhaustiva, la eterna dictadura de exclusividad y afecto. Podría odiarle siempre por no poder coser su piel a la suya, por no poder respirar el mismo aire ni compartir cada escalofrío.
A él la idea le resultaba divertida.
Cuando lo hizo, cuando se incorporó en la cama, la miró muy serio y dijo "te quiero", era ya la quinta vez que ella le hacía prometer que jamás firmaría su sentencia, pero dijo "te quiero" y ella le escuchó en silencio, pestañeó tres veces y finalmente plantó un beso en su clavícula, rendida. En la habitación había velas por todas partes, lo recordaría siempre. La luz tiritaba en las paredes, sus sombras temblaban.
Ella le odió más que nunca. Y nunca, nunca más, volvieron a quererse.

(...)

viernes, 16 de diciembre de 2011

XXXV Salón del libro infantil y juvenil

Buenos días! Os cuento que mañana estaré en el I encuentro de jóvenes escritores que organiza el XXXV Salón del libro infantil y juvenil. Podéis encontrarnos a las 18.00 en el Centro Cultural Galileo, aquí en Madrid. Os invito a todos y todas a que os acerquéis para que pasemos un buen rato hablando de lo que más nos gusta, la literatura. El salón promete, y es que además de este encuentro se entregarán los Premios Lazarillo, habrá talleres, teatros... una oportunidad única para ir solo, en familia o con los más pequeños. 
Aquí podéis ver toda la información. ¡Espero veros!




SÁBADO 17
18:00.

En estos momentos de cambio que está sufriendo todo el sector de la literatura infantil y juvenil, se están abriendo paso numerosos autores jóvenes que, por diferentes caminos, ven cumplido su sueño de publicar. En este I Encuentro de Jóvenes Escritores los propios creadores plantearán cuestiones básicas acerca de cómo perciben ellos el panorama actual, cuáles son sus técnicas de trabajo, qué dificultades y facilidades han encontrado desde que comenzaron, cuál es el papel del escritor de hoy en día, qué uso le dan a las nuevas tecnologías, qué relación mantienen con sus lectores, o qué consejos les ofrecerían a quienes comienzan ahora su andadura, entre otras cosas. Un evento ineludible para los amantes de la literatura donde tendrán la oportunidad de conocer de primera mano la labor de los nuevos creadores.

Participan:

Anissa B. Damon, autora de la saga Éxodo (ediciones Ámbar).
Javi Araguz, autor de la trilogía El mundo de Komori (Marenostrum) y coautor de La Estrella (Viceversa)
Jara Santamaría (Ganadora del premio Jordi Sierra i Fabra por Te comerás el mundo (SM)
Javier Ruescas, autor de la trilogía Cuentos de Bereth (Versátil) y Tempus Fugit. Ladrones de Almas (Alfaguara)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Canción de amor y muerte

Por mi entrada número 100, una canción que merece ser tratada como poesía. "Canción de amor y muerte", a cargo de Iván Ferreiro.



Hoy, marchita y cansada. Besarte infectada desde el corazón. No hay dolor.
Hay una luz tenebrosa, no te pongas nerviosa, que ya nada te hará de verdad.
Y tú serás la princesa que me muerde y me besa y transforma mi piel en papel.
Y yo seguiré aquí a tu lado, a pesar de lo raro que sea nuestro amor, este amor.

Tras el viento, a tu encuentro. Eterno vagar por el desierto.
Ya lo entiendo; somos todo esto y voy contigo hasta el final, con lo puesto.
Voy a contagiar a esta ciudad con nuestro amor, que todos miran mal.
Fue la canción la enfermedad que bailará toda la ciudad.

Guapa y peligrosa, no te limpies la ropa, que me gustas así, para mí.
Y es que, a pesar de la muerte, de la vida o la suerte, yo siempre te querré. ¿No lo ves?
Es un cuento y lamento que no haya un final, de momento.
Y lo intento, todo el tiempo, que no haya un final, de momento.

Hoy descubrirán la reacción de este motor que arde hasta el final.
Será mi voz la conclusión de todo lo que hay, todo lo que vendrá.
Voy a contagiar a esta ciudad con nuestro amor, que todos miran mal.
Fue la canción la enfermedad que bailará toda la ciudad.

Marchita y cansada, besarte infectada fue mi decisión.
No hay dolor.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Niebla


Hablaban. 

Perdidos en la niebla espesa que lamía la hierba a su alrededor. Se pasaban el cigarro despacio, tocándose los dedos, mezclando su aliento blanquecino con el aire y sintiéndose fugazmente invisibles. Sumergidos en la grieta del tiempo, al borde del hundimiento pero parando para tomar aire. 

-No tardaré en irme -pequeñas bocanadas, cada vez más débiles, cuando él prendía el mechero y lo acercaba a su rostro para reavivar el pitillo mientras le rozaba las manos enrojecidas por el frío. 






sábado, 10 de diciembre de 2011

Absurdo infinito.



"Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos".
- Julio Cortázar. Rayuela.


"Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito"

martes, 29 de noviembre de 2011

China, algo más que cifras

Hablar de China es enfrentarse al miedo a lo desconocido. Cuando un occidental se acerca a ella, le viene a la cabeza inevitablemente el apelativo de “gigante asiático”,  y de inmediato comienza a hablar de números, de PIB, de exportaciones, de potencia emergente, de “segunda economía mundial”. Pero China es algo más que cifras.
Muchos autores coinciden en que el auge de China en el comercio internacional va a desarrollar un nuevo orden mundial más descentralizado, que dé lugar a una nueva concepción de mercado, quizás más basada en el “capitalismo de estado”. No obstante, rara vez nos paramos a pensar qué conlleva un protagonismo tan evidente de China, más allá de los valores económicos. Son más cosas las que el país asiático puede exportar si sus decisiones adquieren relevancia a nivel internacional. Lamentablemente, no todas son buenas.
China es un país muy avanzado económicamente, pero socialmente le queda todavía mucho camino por andar. El Partido Comunista de China (PCCh) ha aniquilado desde los años 50 a toda una corriente de intelectuales por ser considerados contrarrevolucionarios, y desde entonces no se ha escuchado a una voz que no sea la oficial, la del Partido, la comunista. Mientras tanto, ante la pasiva mirada internacional, el Gobierno Chino ha perpetrado crímenes de manera continuada, ha vulnerado los derechos humanos de toda disidencia y pasado por alto las denuncias de organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional.
Baste decir el nombre de Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz en 2010 por la redacción de la carta 08, un texto que a cualquier ciudadano de un país democrático pudiera parecerle evidente e inofensivo. Xiaobo fue encarcelado y su concesión del Nobel fue duramente criticada y censurada por el gobierno chino. No se puede olvidar tampoco a Ai Weiwei, artista que también fue detenido ilegalmente. Hay más, claro. La lista es larga: la represión en el Tíbet, el tráfico de órganos contra los practicantes del Falun Gong…
La represión, la práctica ausencia de derechos humanos, es desalentadora. Quizás por eso a muchos les entra el vértigo cuando piensan en ese nuevo orden mundial que, según anuncian las previsiones del FMI, estará controlado por China en 2016. EEUU, sin ir más lejos, observa al país asiático con recelo, pero no lo pierde de vista. No es baladí que en la última visita de Obama a Asia, con motivo de la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, se reuniese tanto con el Primer Ministro Wen Jiabao como con el presidente Hu Jintao. Sus relaciones son tensas; mientras Obama acusa a China de no cumplir las normas en cuanto a la cotización de sus divisas, China le acusa de interponerse en las disputas que mantiene con otros países asiáticos por las islas Spratly y Paracel.
China está tensa. EEUU ha anunciado que a partir de 2012 desplegará tropas en Dar-win (Australia), completando así un eje que se extiende también en Japón, Corea del Sur, Taiwán y Guam. Pero es evidente que también a Obama le sudan las manos cuando piensa en el país asiático. Por eso tanto control. EEUU tiene a China en su punto de mira.
No es el único. Los occidentales tememos a China, con el mismo recelo con el que se teme a lo misterioso e indescifrable. El Partido Comunista está lejos de ser un partido democrático, pero es un error de todos el asimilar a China con el PCCh que ahora mismo le gobierna. Los tiempos cambian, y la globalización llega para todos, tarde o temprano. China ha concentrado todos sus esfuerzos en la eliminación de la disidencia y de ideas contrarrevolucionarias, pero en algún momento descubrirá que cerrar las redes sociales (Facebook y Twitter están prohibidas) poco puede hacer para frenar la información que los chinos reciban desde occidente.
Tarde o temprano, los ciudadanos descubrirán que existe una alternativa. Quizás dentro de no mucho estemos hablando de una primavera china. En la actualidad, al menos, aumenta la escolarización de los niños, aumenta asimismo el PIB y la calidad de vida de sus habitantes, y se revela una cierta occidentalización de la cultura china. Poco a poco, todos imitamos, todos nos parecemos. Los países árabes del mediterráneo celebran ahora elecciones democráticas. China, por el momento, celebra ferias de gastronomía internacional y adopta al perro como animal de compañía. Tal vez esto solo sea el comienzo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El invierno árabe


Ha llegado la hora de Egipto. Hombres y mujeres aguardan en largas colas desde las 8 de la mañana para votar en las primeras elecciones sin Hosni Mubarak. Han tenido que esperar más de 30 años, pero los ciudadanos egipcios pueden recoger ya los frutos de la primavera árabe y los partidos políticos, tras las sombras bajo el mandato de Mubarak, podrán ser elegidos de manera democrática. Al menos, esa es la teoría.

No escasea el escepticismo a nivel internacional, ni tampoco entre los propios votantes. Conviene recordar que desde hace algunos días se producía una nueva oleada de revueltas que se saldaba con la intervención del ejército. La sangre corre en el país del Nilo con un caudal preocupante. Algunos, incluso, apuntan a que las cifras son más escandalosas que cuando todavía estaba Hosni Mubarak en el poder. La escritora cairota Ahdaf Soueif afirmaba: “hemos tenido 40 víctimas mortales en sólo cuatro días: esto es peor que con Mubarak.”

Tras su cese del poder, es el mariscal Mohamed Tantaui su sucesor provisional hasta junio, cuando termine el larguísimo y complejo proceso electoral. Mientras tanto, el SCAF (Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas) ha empleado la fuerza física contra la revolución, con actuaciones espeluznantes, como la matanza a la minoría copta que se manifestaba en El Cairo de forma pacífica en el pasado mes de octubre. La agresividad no frena con el paso de los días. Muy al contrario, Tantaui, mostraba una actitud amenazante con respecto a las elecciones, asegurando “consecuencias extremadamente graves” contra los “alborotadores” que interfirieran en el proceso.

Muchos se cuestionan si éstas serán limpias. Los ciudadanos no olvidan que Tantaui fue uno de los más cercanos colaboradores de Mubarak, y la tradición democrática de este país deja mucho que desear. No obstante, los egipcios depositan su confianza en las urnas, y los medios de comunicación hablan de éxito. En cualquier caso, una cosa está clara: Egipto se juega la credibilidad de su sistema democrático en estas elecciones. Y la Comunidad Internacional, por el momento, no le mira con buenos ojos.

Con respecto al ganador, todo apunta a los Hermanos Musulmanes, grupo político partidario de un gran protagonismo de la religión islámica en la vida política. Si los pronósticos se cumplen y los Hermanos Musulmanes se erigen como ganadores en la legislativa, la nueva constitución estaría basada en la Sharía (ley islámica) y las minorías religiosas, como los coptos, habrían de buscar su lugar en el país con una cierta dificultad.

Egipto no está solo. Se prevé que los frutos de la primavera árabe sean, a grandes rasgos, gobiernos islamistas. Túnez encontraba en Rachid Ghannouchi, líder islamista, al presidente de su primer gobierno tras la caída de Ben Alí. El mismo camino seguía Marruecos, que daba el poder al partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD). También en Libia el presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdel Yalil, instauraba la Sharía hasta la convocatoria de elecciones. Las consecuencias aún están por revelarse. Sin ir más lejos, el caso de Libia trajo consigo la despenalización de la poligamia (pues así lo estipula la ley islámica), lo cual supuso un retroceso para las mujeres libias.

La Unión Europea critica duramente la islamización democrática de los países árabes, motivada en parte por este tipo de vulneraciones de los derechos de la mujer que una interpretación radical del Corán puede llevar consigo. Pero sus críticas tienen sus principales raíces en ese falso paternalismo que siempre ha mostrado el mundo occidental con los países árabes. No es momento de ser hipócritas, no creamos ser los más adecuados para velar por los intereses de la población árabe; hagamos memoria. No hace mucho Sarkozy recibía con los brazos abiertos a Gadafi y meses después vitoreaba en Trípoli su felicidad ante una Libia libre del dictador. Las preocupaciones de quienes ahora critican el islamismo en la vida política no siempre han ido más allá de los intereses petrolíferos.

El islamismo es peligroso, es cierto, cualquier radicalismo que ignora o minusvalora a parte de su sociedad, lo es. En ese aspecto, cabe reconocer que a la Unión Europea le mueve un escepticismo motivado, pero muchas veces peca de soberbia. Nuestro imaginario nos dicta que una democracia debe ser laica, entre otros muchos patrones que hemos asimilado como únicos e irremplazables. Sin embargo, una democracia no es más que la libertad en su estado más puro: la libertad de los ciudadanos por elegir qué desean para su país. Si lo que ellos ansían es, y así se demuestra en las elecciones, un gobierno islámico basado en la Sharía, a la Unión Europea no le queda otra que aceptar la heterogeneidad de la raza humana.

Lo que sí debe preocupar, no solo a la Unión Europea, sino de manera especial a la ONU, es la verdadera transparencia de las elecciones en unos países con una trayectoria democrática débil o problemática. Hasta ahí radica la función de Naciones Unidas.

Hoy es el turno de Egipto. En febrero llegará el de Yemen, y se prevé que el de Libia tenga lugar también en los próximos meses. La primavera árabe se hace invierno, y evidentemente ya no todo son flores. Decae la esperanza y llega el frío. Pero muy lejos de la crítica fácil hacia lo diferente, muy lejos de considerar el modelo occidental como único modelo legítimo, la ONU deberá vigilar, proteger, que todos y cada uno de los ciudadanos tengan derecho a decidir de manera libre el modelo de estado que desean.

No olvidemos la primera lucha que motivó las revueltas que comenzaban hace casi un año en Túnez. No olvidemos su auténtico objetivo: no era otro que la libertad. 

Texto: Jara Santamaría
Imagen tomada de El País.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los inversores exigen la dimisión de Berlusconi

En España, José Luis Rodríguez Zapatero convoca elecciones anticipadas; en Grecia, Papandreu anuncia su dimisión. Ahora, es Berlusconi el siguiente en ver su cargo de Primer Ministro Italiano contra las cuerdas.

Su puesto no peligró tras los escándalos sexuales, pese a verse envuelto en rumores sobre la contratación de prostitutas menores de edad, ni pese al divorcio con su esposa tras su presencia en diferentes fiestas en compañía de varias modelos. Tampoco lo hizo su constante problemática con la justicia, sus acusaciones por malversación de fondos, fraude fiscal, falsedad contable e intento de soborno a un juez, aunque él mismo reconociera habercomparecido hasta 2.500 veces en 106 procesos (con un coste legal de unos 275 millones de dólares); ni tampoco la más que dudosa libertad de prensa en su imperio mediático.

Ha tenido que ser la crisis de los mercados la encargada de apretar la corbata de Berlusconi, un líder siempre en el punto de mira de sus ciudadanos pero capaz de salir airoso de toda polémica. Hoy, en cambio, ha perdido la mayoría absoluta e incluso su aliado Umberto Bossi, secretario general de la Liga Norte, le ha instado a dimitir. Poca confianza queda para Silvio Berlusconi, ahora que los inversores han castigado su presencia. La estrepitosa caída de la bolsa el día de ayer hizo saltar las alarmas de la eurozona, y tan solo una posible dimisión de Il Cavaliere parecía ser capaz de reanimar a los inversores.

Italia lo ha comprendido: con Berlusconi al mando, no hay salida de la crisis. La reputación de su líder supone un lastre en sus intentos de salvar su economía (que a día de hoy sufre de una prima de riesgo de 381 y ha llegado incluso a los 490 en las últimas horas). Decía ya la semana pasada Umberto Eco que, sin la presencia de Berlusconi en el gobierno “hubiéramos tenido esta crisis económica, pero el problema habría sido más leve. No es respetado en el extranjero y, por lo tanto, no puede representar al país.”

El Primer Ministro ha conseguido ya sacar adelante una enmienda que adopta las medidas que el presidente del Consejo había indicado en su carta a la Unión Europea, pero solo gracias a la abstención de una preocupada oposición. Stefano Folli, respetado comentarista italiano, afirmaba que "la mayoría (en el poder) parece estar disolviéndose como un muñeco de nieve en la primavera", de hecho solo consiguió los votos a favor de 308 de los 630 escaños. Incluso el Subsecretario de Defensa, Guido Crosetto, partidario de Berlusconi, coincidía: "No sé cuántos días o semanas le quedan al Gobierno. Ciertamente una mayoría que depende de tan pocos votos no puede continuar por demasiado tiempo".

Mientras Berlusconi niega los rumores de renuncia e incluso amenaza con buscar a los “traidores” responsables de la revuelta incluso en su propio partido, a los italianos les queda comprobar si es cierto eso que se dice de que muerto el perro se acabó la rabia. La crisis económica en la que se ve sumida Italia es altamente preocupante: la deuda pública supera el 120% del Producto Interno Bruto del país. Los analistas insisten en que Italia no es Grecia; su economía es la cuarta de la Unión Europea, y ésta no cuenta con capacidad para rescatarla.

Además, no puede olvidarse que Italia no dispone de un programa de reformas económicas que pueda evitar el crecimiento de la deuda mediante una reducción paulatina del déficit. En su lugar, existen propuestas inconcretas e iniciativas constantemente rechazadas por la oposición o incluso por miembros del gobierno. Al respecto, afirmaba también Umberto Eco que "la oposición está tan enferma como Berlusconi. Están peleando uno contra el otro, así que son incapaces de ofrecer una alternativa atractiva. Ésta es la segunda tragedia de la historia”, y está por ver si será capaz de aunar sus esfuerzos para salvar un país que ha perdido ya la confianza no solo de sus ciudadanos, sino también de los mercados.

Por lo pronto, si algo ha demostrado la crisis es que el poder del mercado es el que verdaderamente maneja los hilos de la política europea. Lo que no ha conseguido un sinfín de escándalos personales y profesionales lo ha logrado la presión de los inversores. Hoy, tras años de críticas sin verdaderas represalias, Il Cavaliere ve tambalear su presencia en el gobierno. Como se ha demostrado también con Zapatero o Papandreu, parece que una ola de cambio persigue a los integrantes de las peyorativamente llamadas PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). Solo el tiempo dirá qué líderes resisten y cuales, en cambio, deben optar por retirarse.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los hombres que se casaban con varias mujeres

Tenía 14 años cuando viajé a Egipto. Pese a mis ansias por usar sombras de ojos y beber alcohol como la gente adulta, lo cierto es que todavía era una niña. Poco sabía de aquello que sucedía en el mundo. Poco sé ahora, seguramente, pero en aquel entonces mi inocencia me llevaba a creer, hasta semanas antes de aterrizar en El Cairo, que los egipcios todavía creían en Ra y Bastet.

Esos viajes en grupo terminan convirtiéndose en una especie de campamento de verano, y recuerdo que mis padres hicieron rápida amistad con otras turistas valencianas, y que cuchicheaban y reían con cierto recelo cuando paseábamos por el Khan el Khalili y los comerciantes nos saludaban con la macarena y ofrecían camellos a cambio de comprarme.

Nuestro guía, cuyo nombre he olvidado por completo, era centro de cuchicheos entre los turistas. Por lo visto era “muy musulmán”, o eso decían, pero yo no entendía qué era eso y, por supuesto, tampoco entendía qué implicaba. Por eso fui tan impulsiva que me decidí a hacerle preguntas de aquellas cosas que no entendía. Para eso estaban los guías, ¿no?

Un día, entramos en un templo y nos obligaron a cubrirnos el cabello y los hombros con un pañuelo, y el guía empezó a explicarnos cosas sobre la mezquita. Terminó hablando de poligamia, y yo me quedé en silencio un rato pensando en si yo sería capaz de querer a dos hombres por igual y tenerles a los dos viviendo felizmente en mi casa. ¿Se pelearían? ¿Competirían por dormir conmigo? ¿Y si fuera al revés? ¿Sería yo capaz de compartir el amor de mi marido con una completa extraña? ¿Sería mi amiga? Y si uno de mis maridos tuviese más mujeres, ¿viviríamos todos juntos, si fuéramos muchos maridos y muchas mujeres? ¿No sería algo así como una comuna hippie?

Inocente de mí, me acerqué al guía mientras mis padres hacían fotografías de la mezquita junto al resto de turistas.

-Oiga… ¿entonces los hombres no se enfadan cuando su mujer les dice que quieren casarse con otras personas?

Miró a sus lados, turbado, y frunció el ceño.

-No, niña. Son los hombres los que pueden casarse con varias mujeres. Las mujeres no.

Acto seguido se rió como si lo que hubiera dicho fuese una tontería. Eso sí que me sorprendió. Lo medité unos instantes, y me pareció algo injusto.

-¿Por qué los hombres sí y las mujeres no?

Dejó de reírse. Bajó el tono y me miró con severidad.

-Mira, es así de sencillo. Si una mujer se quedase embarazada, ¿cómo saber quién es el padre? Sería imposible. En cambio un hombre puede tener varias mujeres y siempre sabrá quiénes son las madres de sus hijos.

Abrí la boca con la intención de decir algo más. Algo así como “qué más da, si todos sois parte de una familia”, o “¿es que a Egipto no han llegado las pruebas de paternidad?”, pero él me retuvo.

-Y tú deberías pedirle permiso a tu padre antes de discutir algo así conmigo.


En aquel momento supe que debía obedecer. No le pedí permiso a mi padre, como espero que no tenga que pedir permiso nunca para hacer preguntas, acto que por curiosidades de la vida se ha convertido en mi mayor vocación. Tal vez por eso no se me ha olvidado esa escena, tal vez por eso la tengo grabada. 

Hoy, cuando he leído en los blogs del País que Abdel Yalil (CNT) va a eliminar las restricciones de la poligamia en Libia por quedar instaurada la Sharia (ley islámica) en el Nuevo Estado de Libia, la escena ha venido a mi cabeza.

He imaginado a todas esas mujeres que esta primavera creían que la revolución también iba con ellas, por ellas. Me las he imaginado teniendo que cerrar los ojos y asentir ante la decisión de su marido de casarse hasta con 3 mujeres más (así lo estipula la Sharia), resignadas a que su nuevo país revolucionario y democrático lo ha impuesto así porque es lo mejor para “todos”. 

Me las he imaginado enamoradas, heridas, obligadas a convivir con la otra, sabiendo que ambas se reparten el amor de su marido, sus caricias, sus besos. Me las he imaginado preguntándose con cuál de las dos hará el amor su marido esa noche, sentadas en su cuarto, sin poder quejarse, respirando hondo, tratando de ignorar que incluso con el régimen de Gadafi la poligamia casi había sido abolida del todo y ellas podían prohibir a sus maridos la toma de una nueva esposa.

No parece tan democrático ahora el nuevo régimen libio. ¿De qué sirve luchar por las garantías de voto universal si las mujeres siguen sometidas al yugo de una sociedad patriarcal que ignora sus posibilidades de desarrollarse como ciudadanas en igualdad de derechos?

Poco puedo decir más allá del acertado título que los blogs de El País ha dado al artículo: La poligamia en Libia (o cuando la Primavera Árabe se hace  invierno).

domingo, 23 de octubre de 2011

Yellow

Mira las estrellas. Mira cómo brillan por ti. Lo decía Coldplay en una canción, ¿te acuerdas? Tú te reías, claro, pero míralas, están ahí, enredándose en nuestros dedos. Solo hay que atravesar las nubes.

Siempre fuiste un escéptico, pero créeme.

Hay laberintos más allá de los cristales de esta ventana. Y gente que huye, y gente perdida, y gente que besa y muchos otros que piensan que un simple existir ya es vida. Pero tú escucha. Y mira. Es cierto que las estrellas brillan, en todas partes, en cada esquina. Las calles nos miran desde ahí abajo; nos persiguen pintadas de color de rojo, prendidas de la euforia de una noche de sábado. ¿Las ves?

Sonríe a tu reflejo. O sonríe al mío. Si se funden en el cristal tal vez podamos ser invisibles.

Podríamos zambullirnos, si nos asomáramos un poco. Hundirnos en Madrid hasta las rodillas. Trepar por las barandillas, respirar en los tejados. ¿Por qué no? Vamos. Nos largaríamos de este ático tan solo con cerrar los ojos. Adiós a los cristales, adiós a tu ropa, adiós al billete de avión arrugado en mi bolsillo.

Vinimos aquí sin nada, y nada habremos perdido.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un fragmento...

Si me desobedecieras esta noche, vacilaría unos instantes y te haría creer que no me importa. Lo dejaría pasar.
Solo por esta noche. Porque la luna no está llena, pero si nos esforzamos lo parecería, e iluminaría mis pendientes, y mis pendientes se reflejarían en tus pupilas, y yo me creería cualquier cosa que me dijeras si lo dijeras muy bajito.
Siempre y cuando me desobedecieras.
Si lo hicieras, te dejaría hacer. Expuesta, inocente, ignorante. Conscientemente suicida.
Sin venda en los ojos pero sin mapa al que aferrarme. Y si tú señalaras el camino con uno de tus dedos no miraría nada más. Y después, todavía apretando las colillas contra el suelo, te besaría. Cuando tú te abalanzases sobre mí y creyeses que eras tú quien me habías besado a mí. Te engañaría, y murmurando estás loco, qué haces, te he dicho mil veces que esto no puede ser, me aferraría a la camiseta de ése grupo al que vimos en un concierto –gritando, de la mano, torturando nuestras gargantas con la euforia de gritar juntos-, y la arañaría fuerte para no perder el equilibrio. Y mis pies trastabillarían. Y tú te separarías con esa sonrisa de quien piensa que ha ganado sin saber que la partida era suya desde el principio.
Si me desobedecieras, aguantaría la respiración un rato y te retaría a apurar la cerveza. Y miraría hacia esa luna que no está llena pero casi, y no soltaría ningún tópico de la fugaz eternidad del momento ni de esa tontería de que tal vez tú y yo podamos vivir para siempre. Lo pensaría en silencio, pero diría eres insistente, ¿eh?, hasta que tú dibujaras esa mueca de niño travieso y alzases los hombros con falsa inocencia. 
(...)

martes, 18 de octubre de 2011

La ONU y el Nuevo estado de Libia

(Como últimamente os bombardeo con trabajos de clase y no os quejáis, aquí va otra reflexión con mi compañera Alba Ruiz Galiano)



Crear una democracia en un país fuertemente reprimido durante más de 40 años no es fácil, y cualquier proyecto democrático nace en el país magrebí con una especial fragilidad. Es difícil respetar los derechos humanos con el enemigo si durante prácticamente medio siglo todo cuanto se ha visto es represión y violencia. ¿Cómo lograr que el proyecto democrático de Libia sea un verdadero espacio de libertad individual, igualitario independientemente del sexo, la religión o la etnia? Incluso Egipto, hasta hace unos meses un ejemplo a seguir para la primavera árabe, hoy ve tambalear su democracia a causa de las disputas religiosas entre musulmanes y coptos, que han traído consigo muertes, desconfianza y la dimisión del viceprimer ministro de finanzas.

El mayor reto, pues, parece la formación de una auténtica democracia que garantice el derecho al voto a todos los ciudadanos, sin represiones de ningún tipo. Pero esa libertad no se consigue simplemente impidiendo el uso de las armas o las amenazas en el proceso electoral, aunque evidentemente esa sea una prioridad. Lo verdaderamente complejo, y precisamente fundamental para la libertad del individuo, es la correcta representación de toda ideología más o menos predominante en la sociedad libia. 

No es fácil, y menos tratándose de una sociedad azotada por la violencia de una guerra civil que deja a su paso víctimas por razones ideológicas. El miedo y la desconfianza traerán consigo la abstención y el silencio de muchos colectivos, que evitarán formar parte del proceso democrático con temor a una posible represalia. La transición democrática no es nada sencilla y no hemos de mirar demasiado lejos para comprobarlo: también España vivió con recelo los primeros años de democracia tras la represión de la dictadura franquista. 

En cualquier caso, en este aspecto, la ONU tiene un papel fundamental pero, como anunciaba el pasado 15 de septiembre Helen Clark, Administradora General del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “la democracia no se puede exportar ni imponer; debe tener su origen en la voluntad del pueblo”. Con motivo del Día Internacional de la Democracia, Clark proclamaba este mensaje y añadía: “los demás podemos prestar apoyo al camino que eligen las naciones para colmar sus propias aspiraciones de equidad, inclusión y empoderamiento”. 

Así pues, afirmaba que la amplia experiencia del PNUD podía y debía aportar su granito de arena en Libia de la misma forma que lo ha hecho durante años en muchos países en transición. Sin ir más lejos, el pasado año, ese programa dedicó más de 1.600 millones de dólares al establecimiento de la gobernanza democrática (según anuncia la página web de la ONU), y actualmente apoya a uno de cada tres parlamentos del mundo en desarrollo e interviene en apoyo de unas elecciones, como promedio, cada dos semanas.

Es difícil formarse una opinión sobre la actuación de la ONU en casos como éste. Parece evidente que hay algo de cierto en aquellos que critican el oportunismo de Naciones Unidas y en quienes hablan de intereses petrolíferos. No es baladí que el presidente del CNT, Mustafa Abdel Jalil, anunciara que los países que apoyaron la oposición en la lucha contra Muamar el Gadafi tendrán “prioridad” en los contratos petrolíferos. Sin ir más lejos, durante la visita de Sarkozy y Cameron (calificada de “desinteresada” por el primer ministro francés), Abdel Yalil anunciaba: "como buenos musulmanes creyentes, nosotros sabremos agradecer sus esfuerzos y ellos tendrán prioridad dentro de un marco de preferencia".

Pese a toda especulación acerca de la motivación de la ayuda aliada, bien es cierto que no puede negarse que países sin una experiencia democrática como lo es Libia no están preparados para formar un Estado de Derecho y precisan de la intervención internacional para preservar los derechos y deberes de todos sus ciudadanos. 

Construir una democracia es algo más que eliminar la pistola que amenaza en la nuca de los votantes. Es inculcar los valores de la verdadera libertad, eliminar el miedo y favorecer la auténtica representación y el diálogo de la sociedad libia. Lamentablemente, eso no es algo que pueda imponerse desde fuera, sino que debe surgir desde el interior del pueblo magrebí. Como dice Manuel Escudero en la Tribuna de El País, “no hay modo de sustituir a un pueblo hasta que, por prueba y error, él mismo construye y consolida su propio régimen de libertades”, y tanto en el caso de Afganistán como en el de Irak ha quedado patente que ninguna intervención exterior puede sostenerse durante el tiempo necesario para inducir a un estado a un proceso sólido de democracia.

Además, de poco sirve la actuación de la ONU sin la cooperación de los países emergentes (India, China, Brasil o México), que hasta el día de hoy no se han comprometido de manera efectiva en la intervención en conflictos de índole internacional. Del mismo modo, sería necesaria una implicación por parte de las grandes empresas globales que, por su carácter trasnacional, se alejan de los intereses específicos de los estados y de la problemática internacional; y, sin embargo, su poder es tal que algunas de las mayores empresas producen más que 160 estados de los EEUU en su totalidad.

No obstante, y al menos de momento, la Comunidad Internacional no puede ni debe quedarse de brazos cruzados. La supervisión del cumplimiento de los derechos humanos es vital en estos momentos de cambio, y la ONU debería erigirse como garante de su acatamiento. La Comunidad Internacional, dada su larga experiencia democrática, debe ser una guía en este nuevo proceso que experimenta el país. Una guía que enseña, pero no impone. Una muestra de la implicación por una paz mundial y por la creencia en democracia, que no se limite a actuar conforme a intereses económicos en torno a sus recursos naturales, sino que se muestre dispuesta a comprometerse al verdadero desarrollo humano y político del nuevo estado de Libia.


(En la fotografía, sacada de El País, rebeldes libios queman ejemplares del Libro Verde, redactado por Gadafi).

viernes, 7 de octubre de 2011

Laura Gallego: “No escribo para enseñar, ni para acercar a los jóvenes a la literatura. Ni mucho menos para moralizar”

El centro de Madrid es un bullicio. En plena Gran Vía, unos manifestantes gritan y cortan el tráfico. El mundo, convulso, parece temblar de rabia en el centro de Madrid. En el Hotel de las Letras, en cambio, la voz de Laura Gallego García suena dulce, cálida. Presenta su libro “Donde los árboles cantan” (SM) y, de la misma manera que muchos de sus lectores se sumergen en sus novelas perdiendo la noción del tiempo y el espacio, todos, periodistas, fotógrafos y blogueros, se concentran en su relato ajenos al griterío exterior.

Donde los árboles cantan” es esta vez una novela autoconclusiva, y llegará a las librerías el próximo 14 de octubre con una primera tirada de 45.000 ejemplares. Ambientada en un medievo fantástico, narra en sus páginas la vida de Viana, una doncella acostumbrada a vivir la vida a través de los libros y que no considera la idea de vivirlas en carne propia hasta que un cambio en su destino la obliga a replantearse su futuro. Ante un posible referente autobiográfico, motivado quizás por una metáfora de la soledad del escritor, Gallego lo desmiente: “Mis personajes están en mí pero no son reflejo de mí misma”, explica, “de lo contrario todos mislibros serían iguales”.

Tal vez no su reflejo se traduzca a sus novelas pero, como ávida lectora y licenciada en filología hispánica, sí afirma tener influencias de todo tipo, a veces de manera inconsciente. Ésta, sin ir más lejos, surge del momento en que escribía su tesis doctoral, y contiene elementos de las novelas de aventuras del siglo XIX, pero también de la poesía de corte, los juglares y un sinfín de referentes literarios e históricos que sin duda aportarán bastante al lector joven. La enseñanza, no obstante, no es en absoluto una prioridad para Laura Gallego que asegura que “No escribo para enseñar, ni para acercar a los jóvenes a la literatura. Ni mucho menos para moralizar. Mis libros no pretenden ser libros de texto, y quizás por eso gusten.”


Efectivamente, gustan. No en vano las cifras ascienden a 600.000 ejemplares vendidos de su saga Memorias de Idhún o los más de 60.000 de Dos velas para el diablo (ambas también publicadas por SM). El Premio Cervantes Chico (2011) o la Placa de Plata de la editorial SM avalan su trayectoria. Hoy, con 33 años, sigue “viviendo literariamente”, y comparte en la presentación su método de escritura porque “Puedo tejer en mi cabeza una historia durante meses, o años, y hasta que no está perfectamente hilada no me decido a comenzarla. Hago esquemas de todos los capítulos y fichas de personajes. Solo entonces empiezo a escribir, y ese es el proceso más rápido de todos, aunque después dedique mucho también al proceso de reescritura”.

Y entre novela y novela, Laura Gallego apuesta por el contacto con sus lectores como ya lo hizo en sus comienzos, convirtiéndose en la pionera en España en crear un foro de discusión de la literatura, que con el tiempo se ha convertido en un emblemático lugar de reunión para jóvenes lectores y aspirantes a escritores. “Con el tiempo, la literatura está dejando de ser una afición solitaria”, afirma la autora, convencida de las potencialidades que Internet puede ofrecer a la literatura. Siempre ha cuidado su relación con los jóvenes, y a su anterior correo electrónico (que tuvo que suspender por exceso de mails), le sustituyen ahora una cuenta de twitter y su página web.

Médicos sin Fronteras se retira de Tailandia por diferencias con el gobierno

Después de 35 años de ayuda humanitaria, MSF se ve obligada a detener su trabajo por falta de acuerdo con las autoridades

De poco han servido los últimos tres meses de negociaciones entre Médicos sin Fronteras y el Gobierno Tailandés. Se ha denegado a la organización la asistencia a migrantes indocumentados y otras poblaciones desatendidas. Tras la decisión, tomada en septiembre, hoy se retiran los más de 70 voluntarios del país asiático, aunque el colectivo afirma que éste seguirá en su punto de mira.

"MSF está profundamente preocupada con esta decisión pero por desgracia no ha podido llegar a un acuerdo con las autoridades para continuar su trabajo", indicó la en un comunicado la organización humanitaria.

Desde 1976, Médicos sin Fronteras ha llevado a cabo diversos proyectos para prestar atención sanitaria a refugiados que huían del régimen del Jemer Rojo en Camboya, así como en las últimas décadas trató a refugiados birmanos, de la etnia laosiana hmong y, últimamente, a convalecientes del VIH/sida. A partir del año 2000, la organización permaneció respondiendo a situaciones de emergencia.

A comienzos de este año, sin embargo, MSF ya se enfrentaba a las primeras trabas administrativas, que la llevaban a tener que cancelar sus proyectos en Samut Sakhon y en el Paso de las Tres Pagodas, en la frontera con Myanmar, donde 55.000 personas disfrutaban de su único acceso a una atención sanitaria. El colectivo alega además que ha recibido presiones del Gobierno tailandés para dejar de atender a inmigrantes indocumentados, la mayoría procedentes de Birmania (Myanmar), según el diario "Bangkok Post".

Con todos estos obstáculos en su camino, MSF tomó por fin en el pasado mes de septiembre la decisión de cerrar sus proyectos en Tailandia de una forma definitiva. Tras de sí, la organización deja a un país que en estos 35 años ha visto significativamente mejorada su atención sanitaria. El país, sin ir más lejos, fue uno de los primeros en introducir el tratamiento antirretroviral gratuito para enfermos de SIDA.

No obstante, la población más vulnerable sigue siendo aquella que permanece al margen de la sociedad: trabajadores indocumentados y comunidades habitantes a lo largo de la frontera. Según datos de la propia organización, se estima que entre 1,5 y 2 millones puedan vivir en una situación de indocumentación y, por ende, falta de derechos a atenciones primarias.

Médicos Sin Fronteras se va, pero no olvida. Su comunicado de prensa lo expresa con claridad: “aunque la organización cerrará sus proyectos de forma permanente, seguirá estando alerta y preparada para responder a emergencias en caso necesario”.

martes, 27 de septiembre de 2011

Los medios y los conflictos internacionales

Hace mucho que no actualizo el blog (becariear es duro), así que aprovecho una reflexión que nos han hecho escribir en clase para reabrir el marcapáginas... 


Que la presencia de los medios de comunicación es necesaria para la existencia de una verdadera democracia es algo que a nivel internacional se da por hecho. Tanto es así que la libertad de información aparece recogida en documentos como la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en su artículo 11. Para que el ser humano sea libre, ha de tener acceso a la información.


¿Pero en qué calidad recibe el ciudadano ese mensaje? ¿Acaso los medios se erigen verdaderamente como unos instrumentos al servicio de las personas para garantizar su libertad? Son varios los ejemplos a lo largo de la historia que demuestran que, en ocasiones, los medios de comunicación se han comportado como los hilos que manejan el títere de la opinión pública en favor de intereses de un gobierno o poder concreto. En el complicado entramado internacional, plagado de guerras y conflictos incesantes en unas y otras partes del mundo, parece evidente que los medios ejercen (de manera más o menos consciente) una manipulación sobre sus lectores e, indirectamente, sobre la propia política internacional de los Estados.


Ante esta situación, uno puede encontrar fisuras en el cumplimiento de ese derecho a la libertad de información que tan impecable permanece sobre el papel y que con tanta facilidad se manipula en la práctica. La mal-información, así como la desinformación, son armas tan utilizadas como peligrosas, y uno no puede sino advertir lo que ya señalaba María Teresa La Porte: "en una sociedad en la que el conocimiento de lo público se adquiere a través de la información de los medios de comunicación, importa tanto lo que las cosas son como el modo en que se presenten a través de éstos".


A lo largo de la historia podríamos encontrar ejemplos evidentes de manipulación informativa. Sun Tzu dijo una vez que “en la guerra la primera víctima es la verdad”, y prueba de ello es el ingente y descarado volumen de propaganda que las Guerras Mundiales trajeron consigo. Desde la creación de un sentimiento belicista en una sociedad que no buscaba emprender una guerra (como tan magistralmente demostró la Comisión Creed en EEUU durante la Primera Guerra Mundial) hasta la constante apología europea apelando al sentimiento de fraternalismo ante estados de ideología “atrasada”. Entre tanto, omisión de información y mentiras. Ya en los años 80, durante la Guerra del Golfo, la CNN mostraba centelleos en el aire para evitar mostrar las verdaderas y devastadoras consecuencias de las bombas en Iraq y los ciudadanos miraban la televisión sintiéndose informados. Y es ese, precisamente, el modelo más pernicioso de censura, aquella tan hábilmente encubierta que escapa a la atención de sus víctimas.


Por supuesto, la sociedad no es lo suficientemente inocente como para creer a pies juntillas todo aquello que aparece en los periódicos. Y menos ahora, gracias al desarrollo de la web 2.0., donde versiones minoritarias pueden ser contadas de una forma antes impensable. Pero ni siquiera  a día de hoy el ciudadano tiene pleno acceso a la Verdad y, pese ser consciente de ello, poco puede hacer por cambiar su situación.


Los medios de comunicación, afortunadamente, no siempre mienten. En muchos casos, desconocen la verdad. No se debe olvidar que la información internacional recae en manos de no más de cinco agencias de comunicación con verdaderos medios para cubrir la información global, y ni siquiera ellas tienen pleno acceso a todos los lugares del mundo, ni contratan a corresponsales en todas las zonas de conflicto, ni por supuesto tienen libertad de información en todos los países a los que intentan acceder. En este contexto, el escepticismo de la ciudadanía crece, pero poca opción tiene más allá de contrastar la visión de dos o tres medios cuyas fuentes posiblemente sean las mismas. Y, a la postre, no queda otra que confiar en la veracidad de lo que se cuenta, aun a sabiendas de que hay muchas otras cosas que no se cuenten. Algo tan simple como un reportaje sobre la crisis humanitaria de Somalia ha logrado movilizar a cientos de personas a emprender acciones solidarias hacia un Estado que ya desde hacía tiempo sufría de hambruna. El efecto llamada de un mensaje mediático es tal que los medios son quizás aquél cuarto poder que verdaderamente mueve el mundo.


Tal vez, por poner un ejemplo, si los medios hicieran un mayor hincapié en las barbaries que a día de hoy cometen los rebeldes libios contra los seguidores de Gadafi la opinión pública a nivel internacional vería la revolución libia con más cautela. En su lugar, recibimos imágenes de Cameron y Sarkozy sonriendo en Trípoli por un país libre. La simple elección de un titular, o una fotografía, podría conllevar la formación de grupos de disidencia, de manifestaciones o del rechazo en Francia al apoyo de un grupo violento con poca apariencia democrática. Quizás eso presionaría a Sarkozy, quizás eso no compense. Como tampoco parece compensar la profundización en las críticas a la falta de derechos humanos que (pese a la reciente proclamación del sufragio femenino) sufre la mujer en Arabia Saudí; tal vez por ser una de las mayores fuentes petrolíferas del mundo.


Pero algo está claro. Más allá de esta realidad, que podría provocar un pesimismo generalizado en quienes ejercen la profesión de informar y, por tanto, una resignación a que cambiar el mundo es una causa perdida, no debemos olvidar el fundamental papel que sí ejercen los medios de comunicación en la Sociedad Internacional. Día a día miles de reporteros salen a las calles en busca de la verdad incómoda, desconfiados de la versión oficial de los hechos. Tanto es así que esta labor se ha llevado ya las vidas de 41 periodistas en lo que va del año, como es el ejemplo de los recientes asesinatos en México por desvelar una red de narcotráfico. Su denuncia social trae consigo cada día una mayor concienciación de la población, que se moviliza, que comprende los problemas que hay a su alrededor y decide actuar en consecuencia. Ese es y debe ser el papel de los medios de comunicación en la Sociedad Internacional: el de puerta hacia el diálogo por una realidad más justa. Y esa labor se empieza desde el principio, en el quehacer diario de cada periodista. En la inconformidad y la búsqueda, por encima de todo, de la honestidad.




miércoles, 1 de junio de 2011

Catalina Fuentes: “La palabra puede ser una trampa mortal”

El Instituto Cervantes, en colaboración con la Editorial Espasa, ha presentado la Guía Práctica de Escritura y Redacción, un manual de escritura divulgativo que tiene como objetivo enseñar al lector que “la palabra tiene un tremendo poder y, por el contrario, puede ser una trampa mortal para el que la escribe”, tal y como aseguraba la autora, Catalina Fuentes, durante la presentación.  


“Ya no se enseña a redactar en los colegios. Hemos olvidado las técnicas discursivas, quizás no tanto en la escritura creativa, pero sí en la efectiva, es decir, en la de todos los días”, explicaba la autora de la Guía. No obstante, hacía hincapié en que la lengua es el instrumento del que disponemos para conseguir la mayoría de nuestros fines. “La empleamos, no le damos importancia, nos parece que es algo que nos viene dado como el color de los ojos. Nos preocupamos de la lengua extranjera, pero no de la nuestra” (para escuchar a la autorahacer clic aquí)

Con el objetivo de suplir esta carencia, y centrándose sobre todo en un lector no experto, la Editorial Espasa hace de esta la cuarta guía en colaboración con el Instituto Cervantes. Primero fue la Gramática práctica del español, luego la Ortografía práctica del español, la Guía práctica del español correcto y finalmente la presentada hoy. Ana Rosa Semprún, directora general de Espasa, contaba en rueda de prensa que esta guía responde a las necesidades de los lectores, y decía que “mucha gente quiere escribir bien pero muy poca gente lo hace correctamente”. 

El lector de esta guía, insisten, será principalmente alguien no experto en la lengua castellana; por ello la editorial ha optado en las distintas guías por hacer libros “sencillos y baratos”, explica Ana Rosa Semprún. No obstante, tal y como añade Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes, estas guías también pueden resultar útiles para los expertos, pues “absolutamente todos tenemos dudas”. 

El lector además encontrará esta guía, tal y como su nombre indica, de índole muy práctica; acompañada de ejemplos sacados de la vida diaria, en su mayoría de los medios de comunicación. Pues pretende, como argumenta su autora, dar a conocer los fallos que habitualmente cometemos, aconsejar sobre cómo debería utilizarse el lenguaje y explicar las razones para que el lector sea capaz de entenderlo e interiorizarlo, pasando desde el uso de la puntuación hasta la disposición del texto 
en una página. Partiendo de que nuestra escritura es nuestra primera carta de presentación. 


martes, 24 de mayo de 2011

Presentación de Lila, primera novela de Emily Roberts

Siete de la tarde, finales del mes de abril y la primavera hace honor a su nombre. No se sabe si llueve o no, si hace frío o no. La gente observa el cielo inquieta, se abriga del súbito viento que se ha adueñado de Madrid. Mientras tanto, en un recogido y centrico bar de la ciudad, Emily Roberts, una chica de solo 20 años, presenta su primera novela: Lila.

El Bar Cosmos está atestado de gente, no cabe una persona más. Por encima del bullicio, de las charlas sobre el libro, sobre la literatura en general, sobre la poesía en particular y sobre todo un poco, suena un hilo musical que la propia autora ha seleccionado. Explosions in the sky o Kimya Dawson se mezclan con el chinchineo de los botellines y los vasos, con las risas, con el ruido de los flashes de las cámaras de sus amigos.

Emily Roberts espera junto a la puerta, saludando a todo aquél que entra con una sonrisa chispeante, feliz, contagiosa, que desvela el nerviosismo ante la presentación de su primera novela. Lila ha sido publicada por Ediciones Oblicuas. Sin embargo, sus dotes literarias ya habían quedado demostradas antes en otros géneros. Laura de la Parra Fernández, pues este el nombre que esconde su pseudónimo, ha publicado los relatos Las hadas de Arlington Row (2009), Rutinas (2010) y El vuelo pálido de los pájaros en las publicaciones colectivas del Premio Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Ávila. Asimismo, ha sido antologada en Estaban Locos, y sus relatos y poemas han sido publicados en las revistas PrismaRetratos MagazinePoesía Salvaje y Ohio.

En la presentación la acompaña Alberto Trinidad, director de Ediciones Oblicuas, quien comienza por explicar la importancia deLila, el porqué de su publicación. “Ediciones Oblicuas nació con el objetivo de dar a conocer nuevos talentos, de apostar por los jóvenes, o por aquellos que por el motivo que sea no han accedido al mundo editorial”, explica, “Lila es importante por eso. Si fuera la novena novela de una autora consagrada hablaríamos de una buena novela, pero es la primera de una jovencísima autora de 20 años. Por eso Lila es importante no solo por lo que es, sino por lo que promete. Emily Roberts creará las mejores novelas que se publicarán en nuestro país, estoy seguro.”

A su discurso, en el que destacó la importancia de la existencia de editoriales que, menos ceñidas a la lógica empresarial, busquen verdaderamente el descubrimiento de talentos literarios, siguieron las emocionadas palabras de la autora: “Escribí Lilaentre octubre y diciembre de 2009, cuando acababa de entrar en la universidad y de mudarme a Madrid. Empezar a vivir sola, empezar de cero. Lila refleja el choque entre esos dos mundos: el instituto y la universidad, la pequeña y la gran ciudad, el dejar atrás la adolescencia, el cambio, los cambios, los contrastes.”

Lila trata de la lucha por la vida. De cómo, a veces, todo resulta difícil y parece que no habrá nada mejor y de cómo entonces dan ganas de abandonar. Casi todo en la vida es una elección. Incluso sobre las cosas que vienen dadas, nosotros decidimos qué hacer con ellas. La vida misma es una elección”, cuenta Emily Roberts. En su novela, el protagonista es Roger, un joven ingeniero que vive obsesionado con su mejor amiga de la infancia, Lila, a quien invoca desde Nueva York para relatarle de manera imaginaria todos los recuerdos que conserva de ella.

La novela relata, tal y como indica su contraportada, “los años cruciales de la vida de dos adolescentes que no poseen las armas necesarias para enfrentarse a un mundo que no entienden. Y lo hace con una ternura producto de una prosa sencilla y delicada, alejada por completo de la superficialidad o lo almibarado”.


Crónica publicada en Culturamas.

nosésiaúnleesestopero

No mentía cuando dije que eras el equilibrio.
Muchas veces intento apoyarme y me tambaleo.

Ojalá todo fuera cuestión de aprender a hacer malabares. De saber caminar sola por la cuerda floja, sin mirar al suelo. Y no me voy a caer, no me voy a caer.

Pero a veces la cuerda tiembla. Y ¿dónde estás? ¿cómo sigo así? Si no sé si alguien espera al otro lado. Si no debería mirar abajo, a ver si la red me sujetaría, porque si miras abajo te caes, y eso me lo han dicho toda la vida.

Supongo que a veces no queda otra que seguir andando, caminar sobre el alambre hasta que forme parte de mi pie. Echarle uñas.

Porque yo solita decidí ser equilibrista.

jueves, 19 de mayo de 2011

Nonsense

"...

No lo oyes, pero lo sientes, porque allí también está pasando
Y todos chillamos, y todos clamamos al puto cielo
Y hoy llueve.
Se acaba el mundo. Apocalipsis, como en esas películas. 


No voy a decirte que me cojas la mano, no llegas.
Esta no es una de esas historias de destrucción en la que los protagonistas se cogen de la mano y todo está bien.
Esta es otra. Una de esas en las que veo un rayo partir el cielo
Y cierro los ojos
Y joder, qué suerte, suena esa canción, 
(Donde quiera que estés tú también la escuchas)
Y los dejo cerrados, y aprieto los labios
Y el mundo se acaba.
..."




miércoles, 4 de mayo de 2011

A media risa

“Never opened myself this way, life is ours, we do it our way.
All these words I don’t just say,
And nothing else matters.” (Metallica)


Y, de pronto, ella sonreía.
Su lengua se adivinaba entre los dientes. A media risa.
Y él pensaba entonces que la muerte no parecía una tragedia.
No si antes se ha vivido.

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A veces una canción desencadena el resto, qué sé yo. Podéis achacarlo también a la falta de sueño. No es descabellado tampoco...

jueves, 28 de abril de 2011

The end (a eso de las tres menos cuarto)

Madrid me prometió tantas cosas cuando llegué.
Tenía mis cuentos en la cabeza, veía personajes en cada cristal y en cada tren. Miraba la ciudad atestada de gente y sólo quería mimetizarme, sentirme una de ellos, fundirme en el estruendo nocturno de luces como eso, una madrileña. Vivir todo eso que se puede vivir absorbida por sus calles y gritos, y esa noche que no parecía acabar nunca.
Me dijo muchas cosas, Madrid. Algunas eran preciosas. La mayoría era mentira. 
Pero me las aprendí de memoria, una a una.
Ha pasado el tiempo, claro. Hoy camino en sus calles y ya no son escenarios de cuento. Los edificios están manchados de recuerdos, los portales están sucios de besos, los bares tienen excesos que me avergüenzan y las aceras están gastadas de mis tacones borrachos cuando creía quererle tanto que me ahogaba. Nada es tan virgen como cuando llegué, la ciudad no es inocente, sino una ciudad conmigo. Hay promesas incumplidas esperándome con sus reproches en las esquinas, y hay cosas que olvidar en esos caminos que parecían tan nuevos. Ya digo los nombres de las calles cuando guío a los taxistas de vuelta a mi casa. 
Han pasado seis años. He visto bostezar a Madrid, la he visto sin desmaquillar. La he visto borracha y me sé lo de sus mentiras. Y aun así, tiene ese algo. Ese algo que la hace capaz de llegar, seis años después, y cogerme del brazo. Porque hoy llueve y me frena en un semáforo para que la mire bien. Quiere hacer las paces y yo no sé decir que no. 
Se ha propuesto invitarme a una copa. Está empapada y preciosa. Me seduce con sus luces como si volviera a tener dieciocho años y acabara de aterrizar con una maleta. 
Hace conmigo lo que quiere. Qué puedo hacer yo. 

En el fondo, lo sabe. Siempre he estado un poco enamorada de ella. 

domingo, 24 de abril de 2011

Juntos, de Ally Condie

Juntos, de Ally Condie. Editorial Montena, 2011. 352 páginas. 14’95€

El mundo de Cassia, protagonista de Juntos, funciona de una manera matemáticamente perfecta. Nada falla, todo sucede tal y como debe suceder, las personas acceden al puesto de trabajo que más se adecua a sus necesidades, nadie muere hasta cumplir los ochenta años y, por si esto no fuera suficiente, aquél que decida casarse lo hace siempre con su pareja perfecta.
Todo esto se enmarca en un escenario futuro en el que la sociedad está completamente controlada por el Estado. Este, mediante un complejo sistema, establece fichas de cada uno de sus habitantes y toma por ellos todo tipo de decisiones: qué y cuánto comen, qué actividades de ocio pueden hacer durante su tiempo libre, e incluso de quién deben enamorarse. Un sistema que nunca falla pero que, sin embargo, con Cassia ha cometido un error.
La confusión de Cassia transportará al lector a la cabeza de una persona que ha permanecido toda su vida encadenada a la falta de libre albedrío, y que solo sabe vivir así. Desde sus ojos, acompañado por la delicadeza del estilo de Ally Condie, el lector asistirá a un relato sobre la necesidad de rebeldía. Conforme Cassia abre los ojos, la autora regala también una reflexión acerca de la necesidad de libertad, del azar y del papel del arte como liberador del ser humano.
En un mundo en el que aprender caligrafía está prohibido, Cassia rozará la libertad con las palabras, escribiendo y memorizando poemas que nadie debe conocer. Una historia, en definitiva, reveladora, mágica, que enseña una bonita lección sobre la importancia de tomar nuestras propias decisiones al margen de lo que se espere de nosotros. Un cuento atemporal que ya tiene segunda parte: Crossed, que en EEUU llegará a las librerías en noviembre de este año.

Reseña publicada en la revista Culturamas
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